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<  Vuestros relatos  ~  Melodía eterna

Ephire
Publicado: Dom Sep 05, 2010 5:54 pm Responder citando
Claira Registrado: 05 Sep 2010 Mensajes: 144 Ubicación: En mi casita ^^
Este es mi primer relato, así que espero que os guste. Laughing

Todo empezó hace doce años, una mañana de diciembre especialmente gélida.

Por aquel entonces yo era un crío de seis años que había pillado una neumonía de las gordas por haberse quedado jugando al fútbol bajo la lluvia la tarde anterior. Como no estaba en condiciones de ir a ninguna parte, me quedé en la cama unas cuantas semanas, sin más distracción que unos cómics que ya había leído al menos diez veces y los cuentos que me contaba mi madre antes de dormir.
En realidad, mi madre era la única compañía de la que disponía, ya que no tengo hermanos y mi padre falleció siendo yo un bebé.

Aún la recuerdo como si pudiera verla: sus rizos rojizos, su piel fina y morena, aquellos enormes ojos castaños que brillaban como el mismísimo Sol, siempre inquietos y observadores, pendientes de todo cuanto les rodeaba, sus manos pequeñas y de aspecto frágil con las uñas pintadas siempre de rosa oscuro, dedos que borraban todas mis preocupaciones cuando comenzaban a bailar elegantemente sobre las teclas del piano que aún adorna mi salón.
Pero lo que más echo en falta es su sonrisa, alegre y delicada, que parecía ser un adorno permanente en su rostro. Como una caja de música solo que, cuando su sonrisa se abría, de ella no salía una canción sino las historias más hermosas que he escuchado en mi vida.

Pero, volviendo a lo de antes.
Aquella tarde mi madre entró en mi cuarto con una taza de chocolate caliente en la mano y se sentó a los pies de mi cama tal y como solía hacer cada tarde.
- ¿Es hora del cuento?- pregunté.
Ella asintió con la cabeza y me tendió la taza al mismo tiempo que me dedicaba una sonrisa.
- Pero esta vez no es un cuento. – Me explicó con voz suave – Es una historia real, una leyenda que lleva mucho tiempo en la familia y es más hermosa que cualquier cuento que se haya inventado.
Yo me tumbé de nuevo, acomodándome para escuchar lo que sería el motivo de que mi vida cambiara radicalmente.

“- Hace muchísimos años – comenzó mi madre – existían unos seres realmente hermosos, tanto era así que nuestros antepasados más lejanos los confundieron con ángeles. Nadie sabía ni siquiera dónde vivían o de donde venían. Los llamaban la Raza sin Nombre, porque los afortunados que se toparon con uno de esos maravillosos seres sólo acertaron a ver cómo se perdían en la inmensidad del cielo.
Nadie vio a un Sin Nombre de cerca.....Hasta unos siglos después.
Dice la leyenda que, en tiempos de los padres de tu tatarabuela, en medio de una tormenta horrible, una luz cálida y hermosa cayó del cielo con un sonido similar a un gemido de dolor que sacudió cada rincón de la playa donde había aterrizado y ahuyentó a todo ser viviente que estuviera en la zona.
A todos menos a un joven pescador que se encontraba limpiando su barco en aquel instante. El hombre corrió hacia la playa, buscando la causa de tan desagradable sonido, corrió y corrió hasta llegar a una roca algo adentrada en el agua.
Al volver a escucharlo, no dudó en escalar la roca para descubrir de qué se trataba.
Lo primero que logró notar fue un fuerte olor que lo golpeó sin previo aviso, seguido de un líquido escarlata que desearía no haber sabido identificar. Ahogó un grito al comprobar que la sangre se perdía entre una maraña de plumas blancas que se sacudía de modo que casi parecía temblar.
Quedó petrificado cuando aquellas plumas, que resultaron pertenecer a dos enormes e imponentes alas, se desplegaron y le permitieron ver lo que se ocultaba en su interior: era una chica, no mayor de quince años, algo bajita pero de aspecto elegante y sorprendentemente ágil. Su piel blanca y fina como la porcelana quedaba oculta bajo una mata de cabello negro, brillante y despeinado por la caída. De entre los mechones que le caían desordenados sobre la frente asomaban dos ojos grandes y aún más azules que el cielo, intensos y hermosos, pese a que mostraban una mirada fría y desafiante.
La muchacha parecía que fuera a atacarle en cualquier momento, hasta que optó por sentarse sobre la roca y esconder las alas.
El pescador trató por todos los medios de hacerla entender que no le haría daño. Ella parecía no comprender sus palabras hasta que, finalmente, desplegó su ala izquierda, mostrándole la causa de semejante reguero de sangre.
- “Mentiras”- la voz de la joven era tan fría que el hombre se estremeció horrorizado – “Los humanos no tenéis corazón. Vivís por y para vosotros mismos, no os importa atormentar a alguien más débil si así conseguís vuestro objetivo. Es vuestro egoísmo lo que me ha dañado y ahora mi vida se apagará sin ver de nuevo a los míos.”
Él, enternecido por su situación, prometió volver cada día a la roca y ayudarla a mejorarse.
Al principio todo fue maravilloso: la Sin Nombre mejoraba rápidamente y entre ella y el joven pescador se había creado un hermoso lazo. Pero todo acabó cuando el hombre conoció a una chica de su pueblo y se enamoró de ella. Con el tiempo, consiguió conquistar a la muchacha y firmar una familia con ella.
Sin embargo, olvidó a la chica de los ojos helados, que seguía sentada en la roca de la playa, cansada ya de esperar su regreso.
Nadie sabe qué pasó con ella, ni cual era su nombre, pero dicen que aún puede oírsela cantar cada amanecer, una canción triste con la que maldice su suerte por haber velado un mundo tan egoísta.”

Recuerdo que, cuando mi madre terminó de contarme aquella historia, lloré amargamente al imaginar el destino de aquella chica
- En este mundo hay gente horrible – me dijo con los ojos húmedos – Pero también hay buenas personas.

Unos meses después de cumplir diez años, mi madre contrajo una extraña enfermedad que la mandó al hospital en unos días.
Estuvo en coma varios meses y yo apenas me movía de al lado de su cama, quería cuidarla del mismo modo que ella había hecho conmigo.

Una tarde cualquiera, cuando hacía los deberes sentado junto a ella, abrió los ojos y los clavó en mí, como si supiera que yo había estado a su lado todo ese tiempo.
No me es posible describir mi alegría al ver su enorme y resplandeciente sonrisa y notar de nuevo su mano sobre mi frente.
- Buenos días Sam - me saludó con voz débil.
Yo comencé a contare todo lo que había hecho mientras ella estaba inconsciente: mis notas, mis logros, los nuevos amigos que había conseguido y cómo había avanzado en las lecciones de piano.
Ella me escuchó pacientemente, para después volver a sonreír.
- Tienes que hacerme un pequeño favor. - yo asentí rápidamente con la cabeza - Nunca te portes como el pescador de la leyenda, tú tienes que ser bueno con la gente y cumplir con tu palabra pase lo que pase. Ayúdame a demostrarle al mundo que no todos los humanos estamos faltos de corazón. - paró unos segundos para tomar aire - Y si alguna vez te cruzas con ella, ayúdala. Consigue que vuelva a volar y confíe de nuevo en nosotros. Sabes que confío en ti, y que eres lo que más quiero en este mundo, ¿verdad?
No tuve tiempo de moverme: sus ojos se cerraron, su respiración se ralentizó hasta detenerse y, cuando su mano cayó fría y rígida de mi frente, supe que aquello había sido una despedida.
Ni siquiera fui capaz de llorar hasta unos minutos después, todo mi esfuerzo se iba en asimilar que jamás volvería a ver a quien yo más quería. Había perdido sus cuentos, su mirada, su sonrisa, sus canciones... Había perdido a mi madre

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"¿Quién el Ehiol? Es mi ángel de la guarda, ¡tiene alas y todo!
Siempre está a mi lado y no deja que me ponga triste. La verdad es que no sé qué haría sin él, creo que es la única persona a la que quiero.
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Ephire
Publicado: Jue Sep 09, 2010 7:51 pm Responder citando
Claira Registrado: 05 Sep 2010 Mensajes: 144 Ubicación: En mi casita ^^
* * *

Me llamo Samuel Arlen y tengo dieciocho años.
Aunque debería empezar mis estudios en la universidad, me dedico a viajar por todo el mundo. Supongo que es lo que la gente llamaría un tiempo sabático.
En realidad sí que tengo intención de estudiar - no he mantenido mi media de ocho para nada - pero antes tengo que encargarme de un asunto importante.

Me despierto en un lugar extraño cuando siento cómo algo tira de mi escueto abrigo, y tardo unos instantes en reaccionar y darme cuenta de que es solo un cachorro aburrido.
Tiro en sentido contrario para liberarme de sus diminutos dientes mientras inspecciono el lugar: estoy en un puerto, tumbado sobre la madera blanca del muelle de cara al mar. Veo barcos pequeños atracados a ambos lados y noto la brisa matutina, que empieza a hacérseme desagradable.
Compruebo con desesperación que el único sonido, si ignoro los gruñidos del perro, ahora concentrado en los cordones de mis zapatos, es el de las olas rompiendo contra el muelle.
Acierto a sentarme y rasco distraídamente la cabecita gris del cachorro en un intento inútil de olvidar el dolor que recorre cada centímetro de mi cuerpo. Suspiro.
Cada vez añoro más mi casa en Alteria. El dormitorio, los libros, la comida caliente, mi armario, el piano.... Sé que he perdido mucho, pero no es nada en comparación con lo que pretendo encontrar. Además, esa es mi casa pero, desde que perdí a mi madre, ha dejado de ser mi hogar.
Porque yo considero mi hogar a un sitio al que deseo volver, donde me siento cómodo y mis problemas se esfuman como las notas de una canción. Pero ahora Alteria se ha convertido en el cementerio de mi niñez, el lugar donde una enfermedad me arrebató mi inocencia y, con ella, a la única persona que he amado. Aunque pueda parecer tonto o egoísta, volver allí solo me haría regresar a los malos tiempos y viviría aferrándome a mis escasos buenos recuerdos para no ahogarme en la soledad.

M e obligo a reaccionar a mí mismo cuando el perro me muerde con más fuerza de la que me hubiera gustado. Lo aparto de mis pies con cuidado de no lastimarlo y me pregunto cómo ha llegado hasta aquí siendo tan pequeño. Y es que mi nuevo visitante apenas levanta dos palmos del suelo. Su pelo es completamente gris, a excepción de la mancha en forma de rombo que cubre su hocico de blanco y sus ojitos negros me miran con curiosidad.
- Tendré que ponerte nombre, ¿no?
Sin darme tiempo para sentirme estúpido por hablar con un animal, mueve la cola al tiempo que emite un ladrido feliz.
- Bueno, está bien...Te aviso que no soy bueno para estas cosas, así que.... ¿Qué tal Storm?
El cachorro ladrar otra vez, visiblemente contento de tener al fin una identidad y un compañero con quien pasar el resto de sus días.
Sonrío débilmente y cojo en brazos a mi nuevo, peludo y único amigo. Me parece tan pequeño y frágil que empiezo a preguntarme si podré cuidar de él a lo largo de todo el camino. También me alegro de que no haber abandonado Alteria juntos, pues el animal hubiera muerto de hambre o frío.
Me pongo en pie y alzo la vista al cielo: las nubes se acumulan, negras y pesadas, clarísimo presagio de tormenta.

Cruzo el puerto todo lo rápido que me permiten los músculos agarrotados de mis piernas delgadas, sintiendo a Storm tiritar dentro de mi abrigo, sucio y raído.
Echo a correr sin pararme a pensar cuál quiero que sea mi destino.
Paso por enfrente de varias casas, viendo a través de los cristales a las familias resguardadas del frío junto a la chimenea y no puedo evitar que una punzada de dolor cruce mi pecho como millones de agujas.
Me siento idiota y solo, terriblemente solo. Pensar que durante todo este tiempo podría haber sido feliz en casa de algunos parientes y que en lugar de eso he escogido vagar de un lado para otro, sin saber realmente a dónde demonios quiero dirigirme.
He pasado hambre, frío. He sentido la soledad abrumadora de la noche, pensando volverme loco entre la oscuridad.
He comprobado lo desgarrador que puede resultar el silencio si no tienes a nadie con quien compartirlo, he dormido a la intemperie y me he resguardado del invierno, siempre implacable, donde buenamente he podido.
He sentido la angustia de comprobar cómo las otras personas me miran con una mezcla de odio, compasión y superioridad, como si fuera un estorbo, un insecto del que desearan deshacerse, aún sabiendo que yo jamás les haría nada malo, y la impotencia de ver cómo me arrebataban lo poco que pude llevar conmigo.
He tenido que aprender a defenderme, aunque me repugna la idea de herir a alguien, por miserable que sea.
En definitiva, me he convertido en un triste mendigo, y todo por llevar a cabo el sueño de mi madre.

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Ephire
Publicado: Vie Sep 17, 2010 3:44 pm Responder citando
Claira Registrado: 05 Sep 2010 Mensajes: 144 Ubicación: En mi casita ^^
El sonido de un trueno me hace saltar en el sitio mientras Storm gruñe descontento. Casi inmediatamente y como si quisiera reírse de mí, la lluvia comienza a arreciar, calándome hasta los huesos.
No puedo evitar una maldición entre dientes, pues no dispongo de más ropa para cambiarme, y aumento el ritmo de mis pasos todo lo que puedo.
Sigo corriendo unos minutos más hasta que, hecho una sopa, veo un pequeño bar de mala muerte y decido que es o eso o nada.
Cruzo la carcomida puerta de madera casi a tientas, la iluminación es escasa y me dirijo a la barra, prácticamente desierta y atendida por una señora ya entrada el años, bajita y no demasiado delgada, cuyo moño canoso corre el riesgo de deshacerse dentro del azucarero al que la mujer da la espalda.
Tomo asiento en el desgastado taburete y la anciana camarera clava en mí sus ojos castaños.
- ¿No eres demasiado joven para estar aquí? ¿Cuántos años tienes?
- Dieciocho – contesto y trato de ignorar la mirada de sorpresa que se oculta tras esas gafas horribles – Y no voy a beber nada, solo espero a que pare la lluvia.
La mujer me mira con cara de pocos amigos y, cuando no sabe si reírse en mi cara o echarme a patadas, el pequeño Storm decide que ya es hora de que todos lo conozcan y saca su pequeña cabecita peluda de mi abrigo.
- ¡Ahora no, idiota! – susurro mientras trato en vano de que vuelva a meterse.
- Aquí no se permiten animales, hijo. – Por como lo dice parece más un gruñido que una advertencia – Así que saca al chucho o lárgate por donde has venido.

Cuando estoy a punto de decirle cuatro cosas a esta vieja cascarrabias, el hombre que ocupa el taburete de al lado empieza a partirse de risa.
No había reparado en él hasta ahora: es normalillo de peso y estatura, tiene el pelo negro y rizado, los ojos verdes y no parece tan poco amistoso como la camarera.
Lo miro extrañado, pues no acierto a comprender lo gracioso de esta situación, para mí tan desagradable.
- ¿Has tenido un mal día, Karen? – Pregunta aún muerto de risa – Te compadezco, pero no creo que debas hacérselo pagar al chico, que no te ha hecho nada.
Ella se limita a fulminarle con la mirada y atender a una rubia con demasiado maquillaje y pinta de desesperada que acaba de sentarse en el último taburete que quedaba libre.
La mujer de unos veinticuatro, como mucho, se da cuenta de que la miro y me guiña un ojo con lo que para ella debe ser coquetería, aunque a mí me parece que sus verdaderas intenciones se ven a la legua: lo que quiere es usar al primer pardillo que pase para divertirse un rato y, de paso, sacarle algo de dinero.
- No te conviene alguien así, chico – susurra una voz a mi espalda – ninguna de las chicas que encuentres aquí puede ser un buen partido.
Suspiro y vuelvo la cabeza hacia el hombre de antes.
- Entonces – pregunto sin poder contenerme - ¿Qué se supone que hace usted aquí?
Me responde con una carcajada más fuerte que la de antes, si es eso posible y vuelve a prestar atención a la taza de café, seguramente frío, que sostiene en su mano derecha.
- Te equivocas conmigo – comenta de pronto – Yo estoy felizmente casado y tengo una niña preciosa. Se me ha estropeado es coche al volver del trabajo y hoy no es buen día para pasear. He de añadir que conozco a esta vieja cascarrabias desde que era un enano y he tenido a bien hacerle una visita de cortesía.
Doy un salto en el sitio al escuchar un gruñido de la camarera, que se ha dado por aludida con lo de “vieja cascarrabias” y miro hacia fuera.

La tormenta amaina y yo sigo en las mismas. No tengo ni idea de a dónde voy a ir cuando salga de este sitio asqueroso, nunca he sabido con certeza el sitio al que debía dirigirme, pero he seguido andando hasta que mis pies me han obligado a parar.
Siempre siguiendo un instinto, una pista para encontrar a eso dichosa mujer. Supongo que nada ni nadie me obligan a hacerlo, que podría abandonar y volver a casa ahora mismo, pero me es imposible porque siento como si mi propia alma me pidiera a gritos que siga adelante, que consiga lo que tanta gente ha anhelado durante años y lo que mi madre deseó a lo largo de toda su vida.
- Chico – estoy empezando a hartarme de este hombre - ¿Cómo te llamas?
- Samuel – no puedo evitar responderle al instante, como un autómata – pero puede llamarme Sam, si quiere. ¿Y usted?
- Ethan. Oye, no tienes dónde pasar la noche ¿cierto? – Sin darme tiempo para responderle, añade – Vivo cerca de aquí y hace mucho tiempo que no tenemos invitados. Quizá te interese quedarte con nosotros un tiempo.
Lo miro con los ojos abiertos como platos ¿por qué? ¿Por qué quiere acogerme si el resto de las personas solo pasan indiferentes junto a mí o me echan de los sitios por llevar las pintas que llevo?
Estoy a punto de rechazar la idea pero luego me doy cuenta de que será lo mejor hasta que vuelva a tener alguna intuición de adónde dirigirme, así que termino por asentir con la cabeza.

A la media hora estoy plantado frente a un edificio de tres pisos un poco viejo.
Ethan abre la puerta como si nada y comienza a subir las escaleras con paso enérgico, un paso que me resulta odiosamente complicado de seguir y llegamos a un pequeño y oscuro rellano de solo tres puertas. Él se acerca a la primera que hay nada más subir: de aspecto antiguo que conjunta perfectamente con el resto del edifico, cuya parte superior está adornada por un ángel plateado de reducido tamaño aunque, he de admitir que bastante hermoso.
Vuelvo de mi ensoñación cuando oigo la llave girando dentro de la cerradura y doy un par de pasos hacia delante, permitiéndole a él que pase primero.
Entro justo detrás y me encuentro con la mirada interrogante de una niña de no más de once años.
- Esta es Naiah, mi hija.
La miro sin demasiado interés: es bajita y delgada, de piel clara, pelirroja y de enormes ojos verdes, exactos a los de su padre. Viste un sencillo camisón azul y parece muy tímida, puesto que intenta esconderse detrás de su padre

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Tereka
Publicado: Lun Sep 20, 2010 6:49 pm Responder citando
Miembro de la K.I.A. Registrado: 06 Mar 2009 Mensajes: 1032 Ubicación: Aquí mismo ^^
O.o, me encanta!!!!
No tardes en seguir ¿ok?
Me encanta el personaje!!! y me parece que Storm va a ser el compañero fiel e incondional del prota!!!

¬¬ Por favor sigue... que se donde vives... bueno, no no lo sé... pero... tu sigue subiendo mas... ¬¬

xDDD

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Ephire
Publicado: Jue Sep 23, 2010 7:55 pm Responder citando
Claira Registrado: 05 Sep 2010 Mensajes: 144 Ubicación: En mi casita ^^
Suspiro: nunca he tratado con niños así que, teniendo en cuenta el tiempo que llevo sin cruzar una palabra con nadie, lo más probable es que le resulte desagradable.
Ahora me doy cuenta de lo desastrosamente mal que se me da relacionarme con la gente, incluso cuando mi madre seguía con vida era muy reservado y apenas tenía amigos. Quizá por eso irme de Alteria me resultó tan sencillo.
Puede resultar penoso cuando te dicen que hay una persona que no tiene amigos, pero yo lo veo como una ventaja: si no le coges cariño a nadie, no te expones a que esa persona te utilice o te haga daño. Si no te atas a una persona no tienes que vivir todos los días de tu existencia preocupado por que pueda malinterpretar tus palabras o acciones y eres libre de tomar decisiones sin que nadie te moleste o pueda interferir en ellas.
Vuelvo a la realidad cuando Ethan se pierde en la oscuridad del pasillo y me doy cuenta de que me he quedado solo con la niña, que está parada frente a mí, totalmente inmóvil, igual que una estatua. Vuelvo a mirarla y la encuentro increíblemente pequeña y frágil, como si el más ligero soplo de viento pudiera obligarla a alzar el vuelo.
- ¿Por qué estás aquí?
Se me escapa una exclamación de sorpresa: su voz, aunque suave y aniñada, está impregnada de una determinación de la que jamás hubiera creído capaz a alguien con ese aspecto. No puedo evitar una sonrisa al comprobar que esta enana es exacta a mí hace unos cuantos años.
- Tu padre me ha invitado a quedarme un tiempo – me detengo un momento al advertir su mohín desganado – Parece una buena persona, ¿no?
Naiah sonríe con timidez, es una sonrisa tan diminuta que apenas sí puedo verla pero está cargada de un enorme cariño, tanto que incluso me paro a preguntarme cómo me sentiría si alguien me dirigiera un gesto así. No soy capaz de imaginarlo por mucho que quiera.
- Papá es quien cuida de mí cuando mamá no puede.
- ¿Cuándo no puede...? – repito confuso.
- Aquí no – me corta – Te enseñaré tu habitación primero.

Dicho y hecho.
Inmediatamente después me veo recorriendo el largo y estrecho pasillo de baldosas blancas para terminar en una habitación ligeramente más grande que las que he podido ver al pasar. El suelo es de parqué y las paredes son blancas. Una pequeña lámpara de cristal cuelga del techo, justo en el centro.
En un extremo, pegada a la pared, una cama cubierta por una colcha naranja y, junto a ella, un escritorio más o menos grande.
Me siento sobre la cama y Naiah hace lo mismo. Tras mirarme con evidente indecisión, se encoge de hombros y vuelve la cabeza hacia mí.
- Mamá está enferma – suspira – No sé muy bien qué es lo que le pasa, pero pasa mucho más tiempo que antes en el hospital y ya ni siquiera es capaz de llevarme al colegio. Los médicos me dicen que todo está bien, que no me preocupe, pero yo siempre veo la cara que ponen cuando hablan con papá, y sé que él está muy preocupado. – Su voz se quiebra en un gemido impotente que me encoge el corazón – Ya no soy una niña y puedo comprender que ella probablemente no se recupere, que yo sólo puedo seguir visitándola y rezando por ella cada noche. Puedo entender que papá intente protegerme, pero si continua cargando con todo solo conseguirá hacer que me sienta más inútil aún. Me gustaría que confiara más en mí, lo suficiente como para poder compartir con él esta carga tan grande....
No puede seguir hablando: sus hombros se convulsionan en un sollozo que solo tarda unos instantes en convertirse en un llanto desesperado.

Pasan unos segundos hasta que soy capaz de comprender qué es este dolor tan insoportable que se ha instalado en mi pecho y parece no querer marcharse. Naiah es idéntica a mí cuando tenía más o menos su edad, estamos viviendo la misma historia y eso es lo que me duele: sé el sufrimiento que tendrá que soportar, porque yo aún tengo que convivir con él día tras día y de ninguna manera deseo que ella tenga que pasar por eso.
Trago saliva y solo se me ocurre ponerle la mano en el hombro, gracias a lo cual compruebo que está temblando. Gira la cabeza en mi dirección y esboza una mueca de incredulidad ahogada por las lágrimas. Solo entonces me doy cuenta de yo también estoy llorando.
Estoy realmente confuso. ¿Esto es lo que se siente cuando te importa alguien? ¡Se suponía que era un sentimiento agradable, no una tortura! Porque, en este momento siento como si millones de agujas atravesaran mi corazón una tras otra.
Es verdaderamente horrible: deseo con toda mi alma sacarla de aquí, llevármela muy, muy lejos, para que no pueda sufrir jamás y poder evitarle esta situación tan angustiosa.
Pero sé que es imposible, solo puedo seguir escuchando su llanto mientras recuerdo las tardes que pasaba postrado frente a la lápida de mi madre tan claramente como si me encontrara allí ahora mismo. Eso y sentirme un completo imbécil.

Vuelvo a la Tierra cuando Storm saca la cabeza de mi abrigo, si es que este asqueroso trozo de tela merece ser calificado como tal, y salta sobre las rodillas de Naiah, lamiendo con la delicadeza propia de un niño pequeño las lágrimas que resbalan por sus mejillas.
- ¡No, quieto! – intento apartarlo de ahí, pero me detengo automáticamente al escucharla reír.
Es una risa extraña: una diminuta carcajada emergiendo entre millones de lágrimas. Sí, es realmente raro pero, de algún modo me hace sentir una calidez extraña y mi corazón se encoge, aunque esta vez no es por lo doloroso de los recuerdos, sino por la simple risita de una niña pequeña... Demonios, me parece que me estoy volviendo tonto después de todo.
- Eh....
Vuelvo la cabeza hacia ella.
- ¿Sí? ¿Qué pasa?
- Nunca había cogido a un cachorro en brazos, es..... Es raro: está blandito y tiene el pelo suave, casi como un muñeco. Pero no es un muñeco, porque los muñecos no están vivos y no pueden sentir. Él puede saber cómo se siente la gente que le rodea y actúa en consecuencia a esos sentimientos, como cuando me ha lamido la cara antes. Sabe lo que sienten las personas y puede hacerlas felices....Quiero ser un perro....

Se me abren los ojos como platos, ella lo único que desea es hacer que la gente a la que ama deje de sufrir de una vez y para siempre, le importa tanto que ha sido capaz de arrastrar su dolor y encerrarlo en lo más hondo de su alma bajo siete llaves, aceptando con obediente resignación que la consuma por dentro eternamente.
No sé porqué, pero de pronto siento ganas de reír. Es como si se hubiera encendido una luz dentro de mí, como si de pronto comprendiera todo lo que no he sido capaz de entender durante tantos años, como si ahora hubiera encontrado mi lugar en este mundo frío, desconsiderado y extraño.
Se me escapa una carcajada y Naiah me mira extrañada.
- ¿Qué he dicho? – pregunta casi en un susurro.
- Nada – respondo sin poder deshacerme de la sonrisa que se me ha quedado atascada en la cara – Es solo que no te quedaría bien ser un perro, irías muy rara moviendo la cola de un lado para otro, ¿no te parece?
Le rasca la cabeza a Storm con semblante pensativo y finalmente sonríe.
- Pues hombre, visto de esa forma, sí que es un poco extraño – deja de hablar unos segundos y después agacha la cabeza antes de continuar – Tú también eres muy raro. Mi padre te ha traído sin saber nada de ti y, sinceramente, no creo que vaya a preguntar.
Pero a mí sí que me gustaría saber algo... Tu nombre, tu edad, para qué estás aquí....

Suspiro y apoyo la espalda contra la pared antes de dedicarle una involuntaria sonrisa.
- Mi nombre completo es Samuel Arlen, aunque te agradecería que me llamaras Sam. Tengo dieciocho años y nací en Alteria. Llevo vagando de acá para allá algo más de medio año. En cuanto al motivo de mi viaje.... Es una historia muy larga, quizá te la cuente otro día. – Termino mi pequeño monólogo alborotándole el pelo y me pongo de pie de un salto.
Cruzo la habitación en cuatro zancadas y abro la puerta con cuidado de no pisar a Storm, ahora acurrucado frente a la misma.
-¡Sam!
Me doy la vuelta sorprendido, es la primera vez que alguien pronuncia mi nombre en mucho tiempo, demasiado, creo.
- ¿Sabes lo que siempre he querido tener? Un hermano mayor a quien poder hablarle, que me cuide y juegue conmigo. Que me acompañe a clase por la mañana y me regale algo bonito por mi cumpleaños. Alguien que me ayude con los deberes y me abrace cuando esté triste.
Levanto una ceja con incredulidad mientras siento algo suave y agradable por dentro. Supongo que esto será el cariño.
- Bueno – contesto – Todo eso parece complicado, y yo soy muy torpe para estas cosas, pero lo haré lo mejor que pueda mientras viva con vosotros.
Su complacida sonrisa es lo último que veo antes de salir al pasillo.

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Tereka
Publicado: Dom Sep 26, 2010 6:22 pm Responder citando
Miembro de la K.I.A. Registrado: 06 Mar 2009 Mensajes: 1032 Ubicación: Aquí mismo ^^
Very Happy
Supongo que no hace falta que diga que me encanta...
¡¡Por lo que veo vas a conseguir que me enamore de Sam!! Razz
Que triste... pero... jum... si que es raro que el madre de Naiah acogiera tan a la ligera a Sam... jum... si, me tienes intrigada.

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Ephire
Publicado: Mie Sep 29, 2010 9:27 pm Responder citando
Claira Registrado: 05 Sep 2010 Mensajes: 144 Ubicación: En mi casita ^^
Me pierdo entre las baldosas grises sumido en mis pensamientos: ya me había hecho a la idea de no tener hermanos porque no conocí a mi padre y mi madre estuvo enferma mucho tiempo, pero parece como si el cielo quisiera darme otra oportunidad.
Parece que Dios ha tenido a bien acordarse de mí después de tanto tiempo. Recuerdo que mi madre era católica, rezaba conmigo cada noche y me arrastraba a misa todos los domingos. Yo era un crío e iba todo el rato refunfuñando y quejándome pero, lo cierto es que ahora lo echo de menos. La verdad es que, mal que me pese, no he pisado una iglesia desde los once años.
Puede parecer que estoy obsesionado con ella, ya que a cada segundo los recuerdos se cuelan en mi mente e intentan ahogarme entre sus brazos. A veces pienso que me estoy volviendo loco, ¿imagináis lo que es ver su cara en mi cabeza cada vez que cierro los ojos? ¿Sabéis la tortura que supone para mí pensar que podría haberle dicho muchísimas cosas aquella tarde en el hospital y no haber sido capaz de pronunciar un triste adiós?
Es posible que deba olvidar y seguir mi vida, a veces lo pienso muy seriamente, pero creo que es su recuerdo lo que me mantiene con vida y me ayuda a seguir caminando cuando creo que voy a caer rendido. Porque, si estoy haciendo esto, es por ella y seguramente siendo así hasta el final de mis días.
Quizá parezca que soy un poco masoquista pero la verdad es que, una vez te acostumbras, no duele tanto como parece. Eso o estoy perdiendo la cabeza.
- ¡Sam!
Doy un salto en el sitio y me vuelvo hacia la derecha: solo es Ethan, que me llama desde la cocina. Me hace un gesto para que entre, lo cual acepto, y me ofrece una silla situada junto a la suya.
- Naiah me ha contado que vas a hacer de hermano mayor.
Trago saliva y agacho la cabeza con rapidez. Maldición, hacía muchísimo tiempo que no me sonrojaba.
- No sabes cuánto te lo agradezco – comenta con una gran sonrisa – Es una niña muy buena, pero yo estoy muy pendiente de su madre y apenas tengo tiempo para ella. Lo cierto es que temía que se encerrara en su mundo y dejara de hablarme, o algo así. Es bastante complicado para mí hacerme cargo de una niña como ella sin ella sin ayuda. Ya ves, soy un completo inútil para estas cosas.
Su mirada se pierde en las grietas casi invisibles del techo y en sus ojos verdes puede notarse un destello cansado. Supongo que este hombre tiene mucho mérito: pese a la agonía que debe de ser ver sufrir a su mujer, se esfuerza todo lo que puede en cuidar y educar a su única hija, trabajar y mantener la familia. Creo que el cielo quiere hacerme ver todo lo que soportaba mi madre cuando aún vivía.
- Pues yo no pienso que sea un inútil, ni mucho menos – sonrío
Ethan me mira con sorpresa y confusión, para después dedicarme una amable carcajada.
- Y, dime, hijo ¿qué te hace pensar eso?
- Su hija – contesto sin rodeos – No diría eso si hubiera ver la forma en la que me sonreía antes, cuando me hablaba de usted. Creo que jamás había sido consciente de que puede amarse a una persona tanto como Naiah lo ama a usted, lo adora con todo su corazón y lo único que lamenta es que no le sea totalmente sincero con lo que respecta a su mujer. Se siente impotente cuando lo ve cargar con todo sin contar con ella y le gustaría que la tratara como a cualquier adulto.
Ahora puedo verlo claramente: la sombra de la culpa cruzando sobre su rostro aún joven y el rastro bajo sus ojos de las eternas noches en vela marcados en forma de ojeras. Pero también veo esperanza, miedo y, sobre todo, un cariño tan grande que me hace sentir aún más extraño de lo que ya soy.
- Entiendo. – contesta al fin – Solo quería evitarle un mal trago y solo he conseguido hacerla sufrir. Me parece que eres mejor hermano de lo que piensas.

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Siempre está a mi lado y no deja que me ponga triste. La verdad es que no sé qué haría sin él, creo que es la única persona a la que quiero.
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Tereka
Publicado: Sab Oct 02, 2010 5:56 pm Responder citando
Miembro de la K.I.A. Registrado: 06 Mar 2009 Mensajes: 1032 Ubicación: Aquí mismo ^^
Jejeje, bueno bueno, parece que a Sammy se le están despertando los sentidos al lado de esa niña...
Cito:

``Trago saliva y agacho la cabeza con rapidez. Maldición, hacía muchísimo tiempo que no me sonrojaba. ´´

^^ Me encanta!!! Puedes considerarme tu fiel lectora!!!

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Ephire
Publicado: Lun Oct 04, 2010 4:19 pm Responder citando
Claira Registrado: 05 Sep 2010 Mensajes: 144 Ubicación: En mi casita ^^
Solo acierto a encogerme de hombros y desviar la mirada. Es una situación extraña, pero no puedo evitar sentirme cómodo.
Supongo que mi madre tenía razón: no todas las personas son máquinas sin corazón después de todo.

Recorro la cocina con la mirada, perdiendo la noción del tiempo entre los azulejos y los modestos muebles.
Mis ojos se detienen en una fotografía de tamaño mediano cuyo marco color caoba deja ver algunas figuras curiosas talladas sobre él. La observo con detenimiento y distingo a Ethan sin problemas, y también a una niña pequeña que, supongo, será Naiah con seis o siete años.
Pero mi corazón se detiene por completo al fijarme en la figura que se alza detrás de la niña: es una mujer, de unos treinta y pocos, de figura delgada y estatura mediana. Su piel morena enmarca unos enormes y brillantes ojos castaños que forman una curiosa combinación con sus rizos rojizos. Me fijo en su sencillo vestido color lavanda, cuyas mangas terminan donde comienzan unos dedos finos con las uñas pintadas de rosa.
Todo me da vueltas. Mi corazón no parece encontrar el ritmo adecuado y late de forma descontrolada. Mi respiración se vuelve lenta y pesada y cuando intento normalizarla solo consigo una serie de jadeos asustados y confusos. Dejo de oírlo todo a mi alrededor y las imágenes se tornan borrosas, sólo soy capaz de mantener clara la imagen de la fotografía, lo demás carece de sentido.
Empieza a dolerme el pecho y siento cómo las fuerzas deciden abandonarme. Soy vagamente consciente de cómo mi cuerpo cae de la silla con un golpe sordo, ahogado por un grito que, creo, ha salido de mi boca. Comienzo a temblar involuntariamente, igual que un crío pequeño y me parece vislumbrar como Ethan se levanta de la silla, pero no presto atención. En este momento siento como si este dolor tan increíblemente inmenso consumiera mi energía poco a poco, y poco a poco me voy apagando.
Sólo hay una pregunta gritando en mi mente: ¿por qué tiene Ethan una foto de mi madre?

* * *

Abro los ojos y lo primero que veo es la lámpara del cuarto de invitados.
Me duele la cabeza y me siento un poco desorientado. La verdad es que no recuerdo gran cosa de lo que ha pasado antes, sólo que estaba hablando con Ethan. Luego todo se volvió borroso y el pecho comenzó a dolerme.
Miro de refilón mi brazo derecho y descubro un pequeño moratón del que no me hubiera percatado de no haberle prestado atención.
Suspiro, me siento como si hubiera dormido diez años.
Llaman a la puerta y, sin darme tiempo a reaccionar, entra Naiah con Storm en sus brazos, seguida de su padre, que me mira con gesto preocupado.
- ¿Cómo te encuentras? – me pregunta.
- Bi....Bien, creo. – Maldigo interiormente al comprobar que mi voz es poco más que un susurro inaudible - ¿Qué me ha pasado?
- Te desmayaste al ver la fotografía de May.
- ¿May? – repito confuso.
- Sí – esta vez el la niña quien contesta – Es mi madre.

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Ephire
Publicado: Lun Oct 04, 2010 7:52 pm Responder citando
Claira Registrado: 05 Sep 2010 Mensajes: 144 Ubicación: En mi casita ^^
Me siento bastante confuso, ¿su madre?
Bueno, ahora que lo pienso, mi madre se llamaba Angelique, no May. Pero lo cierto es que se parecen tanto que asusta.
Soy vagamente consciente de cómo Naiah abandona la habitación con el perro.
Observo a Ethan, que tiene la vista perdida en el paisaje que se manifiesta tímidamente a través de las cortinas y, viéndolo tan distraído, decido poner mi mente un poco en orden.
- Ange....
Doy un salto en el sitio y vuelvo la cabeza hacia él, confuso y sorprendido.
Más atónito aún me quedo al percatarme de que sus ojos verdes están ahora clavados en los míos.
Trago saliva, un poco amedrentado y me apresuro a resolver este entuerto.
- ¿Te preguntas cómo puedo saberlo? – Me pregunta antes de que yo haya abierto la boca - ¿No te ha parecido extraño que tu madre y May sean exactas la una a la otra?
- ¿Cómo sabe lo de mi madre? ¡No es posible que se hayan visto y aún así conoce incluso su nombre? ¿Qué está pasando aquí?
Me mira con cierta compasión y duda unos instantes sobre si debería o no contestarme.
Finalmente parece que considera oportuno informarme de la situación y se sienta a los pies de mi cama.
- Verás, hace varios años, cuando Naiah tenía solo un par de meses de vida, May me confesó que tenía una hermana dos años menor que ella.
Me contó emocionada que, pese a que la diferencia de edad era evidente, ambas hermanas pasaban por gemelas.
Eran idénticas y ella adoraba a su hermana pequeña, pero los tiempos se volvieron complicados y sus padres tuvieron que tomar una escalofriante decisión: solo podían mantener a una de sus hijas. Así pues, las dos niñas quedaron separadas con once y nueve años.
Supongo lo doloroso que supuso para mi esposa ver cómo arrancaban de su lado a la persona que más quería, incluso ahora, cuando la fiebre la hace delirar, la oigo preguntarse porqué sus padres la escogieron a ella y no a su hermana. Esa herida ha sangrado todos estos años y ha dejado su vida intentando encontrar a su pequeña Angelique.

Ahora sí que estoy confundido. May y mi madre, ¿hermanas? Entonces ¿por qué mi madre jamás me habló de ella?
Parpadeo varias veces, tratando de asimilar este exceso de información, mientras que él se dedica a levantar la persiana como si para él esta conversación fuera lo más normal del mundo.
- Ethan – llamo sin poder contenerme - ¿Es por eso por lo que decidió acogerme?
Se limita a contestarme con una carcajada tan alegre como la que soltó antes en el bar.
- Veo que lo has pillado – no hay malicia en su voz, solo satisfacción – Al principio dudé un poco: sería un poco surrealista que me encontrara contigo en un lugar como ese, pero nada más mirarte a la cara descubrí que no me equivocaba y pensé que sería un imbécil si no aprovechaba la situación para conocerte. Ya ves, a veces la ficción supera a la realidad. Me alegra que mi sobrino sea tan inteligente.

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Tereka
Publicado: Lun Oct 04, 2010 9:21 pm Responder citando
Miembro de la K.I.A. Registrado: 06 Mar 2009 Mensajes: 1032 Ubicación: Aquí mismo ^^
¡¡¡QUE FUERTEE!!! O.o
Vayamos por partes!!!!
1.Me has pegado un susto q de casi me da algo. Pensaba que ERA la madre de Sam... uff...
2. Jejeje... ¬¬ eres una pillinaaaaa!!!! si quieres que te diga la verdad, cuando escribiste ``la escena ´´ (si se puede llamar así, pero es que escrbes tan bien que lo leo y se reproduce en mi mente como en el cine) en la que Ethan lo encuentra en el bar, realmente parece que el hombre hace ``caridad´´ por que el quiere. Cuando te dije que me parecía raro quiero que sepas que fué mas por una idea fugaz que por intuición. xD
Bueno, bueno, que me estoy enrollando!!! Tu sigue escribiendo que me tienes super encganchada!!!!

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Ephire
Publicado: Mar Oct 19, 2010 2:11 pm Responder citando
Claira Registrado: 05 Sep 2010 Mensajes: 144 Ubicación: En mi casita ^^
Vale, si antes estaba confuso, ahora acabo de quedarme a cuadros. ¿Ethan es mi tío?
Entonces eso quiere decir que Naiah es mi prima...... Dios, qué raro es todo esto.
La verdad es que esto hará mi camino un poco más complicado: abandoné Alteria porque no tenía nada que perder, ni nadie a quien sentirme unido, pero ahora que sé que aún hay gente que lleva mi sangre, la despedida se hará insoportable.
- Sam – creo que no me he acostumbrado a escuchar mi nombre - ¿Te importaría llevar a Naiah a la escuela? La semana que viene tiene una función y ensayan por la tarde.
- ¡¿Eh?! – exclamo - ¡Pero si no tengo la menor idea de dónde está su escuela!
* * *

No preguntéis como, pero he terminado caminando por las estrechas calles de este sitio del que no conozco ni el nombre con la niña a mi lado.
- Es el edificio de enfrente. – comenta.
Me detengo unos instantes para contemplar su escuela: es un edificio pequeño y un poco viejo, de fachada azulada y carcomida por el tiempo, la lluvia y el viento.
Desde mi posición se pueden vislumbrar las aulas a través de los cristales de las ventanas. El tejado es marrón y está un poco sucio. En él descansan aburridas un grupo de palomas que nos miran con la apagada esperanza de que alguien se apiade de ellas y las eche un pedazo de pan.
Naiah echa a andar y me hace un gesto para que la siga. Obedezco al instante y acabo vagabundeando por los pasillos de paredes blancas, cuya apariencia es bastante más agradable que la de la fachada exterior.
No puedo evitar percatarme del intenso olor a pintura que inunda mi nariz al llegar al primer piso, donde las aulas son más anchas que las que he visto al pasar y tienen ventanas tan grandes que puede verse su interior sin problemas. Enseguida llegamos al final del pasillo, donde nos esperan algunas niñas de la edad de Naiah y las que, supongo, serán sus madres.
La niña corre a encontrarse con sus amigas y las mujeres me miran con curiosa desconfianza. Apuesto el cuello a que ahora mismo están pensando en la cantidad de cotilleos que sacarán halando conmigo.
La primera en dar el paso el una mujer delgada y bajita, de unos treinta y pocos años y mirada bonachona. Viste una camiseta larga y sencilla a conjunto con unos vaqueros estrechos y zapatos deportivos.
No es demasiado morena de piel, su cabello rubio oscuro, liso y despeinado se desliza por sus hombros, haciéndola parecer una niña pequeña, por lo que no me resulta nada complicado diferenciarla de su hija.
- ¡Hola! – saluda con voz algo aguda - ¿Quién eres tú?
- Samuel – contesto, intentando dar los mínimos datos posibles.
- No me refería a eso, cielo – replica la mujer.
- Es mi hermano – corta una voz femenina a mis espaldas.
Casi grito del susto al ver a la niña plantada tras de mí, cruzada de brazos y con la misma expresión de descontento que tenía cuando la conocí.
No puedo evitar sonreír, la verdad es que agradezco que haya venido para sacarme del atolladero, porque lo cierto es que los interrogatorios me ponen de los nervios.
Al rato, las niñas se van a cambiarse y otra de las madres intenta sonsacarme más información.
Esta vez la mujer es alta, castaña de cabello y clara de piel. En su rostro comienza a marcarse el paso de la edad y sus ojos verdes me permiten deducir que no es demasiado simpática. Su ropa, un aparatoso vestido rosa y unos complicados zapatos del mismo tono, junto con su peinado de aire antiguo me deja muy claro que es una estirada.
- No sabíamos que la pequeña Naiah tuviera un hermano – comenta al tiempo que me examina de arriba abajo.
Suspiro y me pregunto mentalmente qué será más desagradable, si su voz o su aspecto.
- A veces ni yo mismo soy consciente de mi propia existencia- contesto.
Me clava una mirada que no le deseo a nadie y, movida por su malsana curiosidad, continúa preguntando.
- Y, dime, ¿vives con ella? ¿Cómo es que nunca os habíamos visto juntos.....?
Un gran estruendo la corta a la mitad de la frase y todos las que ocupábamos el pasillo miramos a un lado y a otro, desorientados.
Las niñas más pequeñas se asustan y las madres especulan en voz baja sobre las causas de tal sonido. Yo empiezo a correr, siguiendo la dirección de la que, creo, proviene.
Dejo atrás a las mujeres y paso por delante del vestuario de las niñas, desde cuya puerta Naiah me mira insegura. Pero no me detengo.
Más propiamente dicho, no puedo detenerme: ese golpe sordo que ha sacudido la escuela durante unos instantes me llama como si se tratara del canto de una sirena. Parece que me hayan hipnotizado y es que, aunque soy vagamente consciente de que estoy corriendo como un criminal acosado por la policía y sin rumbo fijo, mis piernas han decidido desconectarse de mi cerebro y no se detienen por mucho que se lo ordeno.

Comienzo a subir unas escaleras cuya existencia ignoraba completamente hasta este instante y la sensación de ser un objeto metálico atraído por un imán se vuelve más fuerte con cada paso.
Continúo ascendiendo durante un largo rato, tan obstinadamente que apenas soy capaz de notar la fatiga que se adueña ya de mis músculos. Me encuentro frente a una puerta – de acuerdo, sería más honesto decir que casi doy de bruces contra ella – que, imagino será la de la terraza,
Resulta un poco complicada de abrir: seguramente tenga ya sus años, está oxidada y pesa una barbaridad, pero finalmente lo consigo.
Nada más poner un pie en lo que, efectivamente, es la terraza de la escuela, una ráfaga de aire helado me deja sin respiración y casi sin sentido durante unos segundos. Lo primero que se escapa de mis labios es una maldición, no hacía un tiempo tan desagradable cuando he traído a la niña.
Cuando acierto a moverme y decido alzar la vista al cielo mi corazón se detiene por completo, incluso me olvido de respirar.
En el cielo, no demasiado lejos, se distingue el vuelo torpe y zigzagueante de dos hermosas alas blancas que, para mi sorpresa, van unidas a una figura humana.
Queda de espaldas a mí y no me es posible ver su rostro, pero mi alma agradece la visión como si se tratara de la mujer más hermosa del universo. Porque, sin lugar a duda, es una mujer.
Sé que no es correcto quedarse embobado mirando a alguien, pero ahora mi corazón es un hervidero de sentimientos confusos: alegría, esperanza, pena, ansiedad, impotencia....
Sacudo la cabeza, intentando no darle más vueltas y, cuando la figura ha desaparecido entre las nubes, me dispongo a salir.
Sí, me dispongo a ello porque de repente me quedo completamente petrificado al percibir algo que pone mi cerebro en marcha a toda velocidad.
Es un olor, un olor desagradable, un olor oxidado y angustioso: el olor de la sangre.
Hago un recorrido por toda la estancia hasta que por fin doy con ellas, dos manchas escarlatas esparcidas por el suelo que activan mis recuerdos automáticamente:
“Lo primero que logró notar fue un fuerte olor que lo golpeó sin previo aviso, seguido de un líquido escarlata que desearía no haber sabido identificar. Ahogó un grito al comprobar que la sangre se perdía entre una maraña de plumas blancas que se sacudía de modo que casi parecía temblar.
Ella parecía no comprender sus palabras hasta que, finalmente, desplegó su ala izquierda, mostrándole la causa de semejante reguero de sangre.”
Ahora lo entiendo todo. La he encontrado.

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Tereka
Publicado: Mie Oct 20, 2010 9:38 pm Responder citando
Miembro de la K.I.A. Registrado: 06 Mar 2009 Mensajes: 1032 Ubicación: Aquí mismo ^^
O.o
(De piedra, imposibilitada para articular palabras... bueno para escribirlas...)


Ya se ma ha pasad...¡¡¡Jope... ¿y ahora? conseguirá volver a verla??
ufff...
me tienes intrigada y preocupada... por que si es ``ella´´... ¡Ay, no sé! ¡Necesito que publiques mas o me va a a dar un atqueeeee!!!!!!!

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esthersebastian
Publicado: Vie Oct 22, 2010 10:23 pm Responder citando
Claira Registrado: 25 Mar 2009 Mensajes: 112
jo escribes genial solo me he leido una parte y ya me encanta Very Happy

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Ephire
Publicado: Sab Oct 23, 2010 6:24 pm Responder citando
Claira Registrado: 05 Sep 2010 Mensajes: 144 Ubicación: En mi casita ^^
¿Realmente es ella? Esa... ¿Esa maravillosa aparición con forma angelical es la chica de la leyenda que mi madre buscó sin descanso hasta el final de sus días?
No tengo palabras para describir lo que siento ahora mismo, pero lo que sí tengo claro es que, si el corazón sigue latiéndome tan deprisa, la palmaré de un paro cardíaco antes de cumplir los diecinueve.
Soy incapaz de moverme, ni siquiera me tengo en pie. Mis rodillas se doblan como si fueran de plastilina y me dejo caer al suelo pesadamente. Estoy seguro de que si alguien me dijera algo ahora mismo no podría responder. ¿Qué cómo lo sé? Pues por el sencillo hecho de que la lengua se me ha quedado pegada al paladar y tengo la boca completamente seca. Desagradable, lo sé, pero siento que mi cuerpo ha dejado de pertenecerme desde que comencé a subir las escaleras.
Soy vagamente consciente del viento que empieza a soplar y de las diminutas lágrimas de lluvia que se posan elegantemente sobre mí, haciendo que me pregunte si no será mi corazón el que llora por haberla tenido tan cerca y no haber podido contemplar su rostro. Ahora lo tengo claro y el sentido de mi viaje ha cambiado completamente: antes viajaba por cumplir el sueño de mi madre, ahora viajaré por algo personal, para poder verla de cerca, hablarle, conocer su historia.... Y su nombre.
No estoy muy seguro de cómo lo hago, pero el caso es que consigo ponerme de pie y acercarme a la barandilla con pasos torpes. Me asomo para otear su posible rastro en el horizonte, pero lo único con lo que puedo quedarme es la dirección hacia la que se dirigía. Conozco el sitio, el un pequeño pueblo al norte de aquí, cuyo principal oficio es la pesca. Es un lugar agradable y coincidí con un par de personas interesantes allí cuando mi madre aún vivía por lo que supongo que ese es un buen lugar para continuar, aunque voy a sentir tener que separarme de Naiah.
Pero no tengo prisa y aún no he pasado ni la primera noche en su casa. Sería de mala educación rechazar tan generosa hospitalidad por lo que me quedaré con ellos un par de días y seguiré mi camino.
Además, ahora que sé que aún me queda familia, no voy a perderles así como así.


Cortito, lo sé pero estoy muy ocupada.

esthersebastian (¿cómo lo acorto?): muchas gracias por pasarte a comentar, ¡Espero que sigas leyendo!

Mi fiel Tereka: respira, mujer, que si te da un ataque te quedas sin saber el final xD. Además yo también soy buena torturand... Espera ¿cómo lo llamabas? ¡Ah, ya! ....Tocándote la moral Twisted Evil Era así, ¿no? Very Happy Pues eso.

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