FanFic de "El mundo de Komori"
Título: "Correr"
Autor: Arantxa González Ribadulla
Enviado: 17 de enero de 2008.
Páginas: 3
Sinopsis: "Escena eliminada" del primer libro. Edile se escapa de su castillo.
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"Correr"
_Corrió avanzando entre los árboles, sintiendo las ramas golpear en su rostro. Sabía que no podía hacer mucho ruido, ellos podían encontrarla. Acababa de parar de llover y el suelo estaba encharcado. Sus pasos se oían a través del bosque y cuando apartaba algún arbusto, decenas de gotas de agua la salpicaban provocando que una sensación de perpetuo frío se alojase entre sus huesos.
_No había comido ni bebido nada desde que abandonó el castillo; tampoco es que hubiese tenido tiempo para hacer una parada. Lo menos importante era alimentarse, lo esencial era correr lo más rápido y lejos que pudiese. Estaba débil y llevaba toda la noche corriendo evitando rocas afiladas, charcos profundos y ahora, con la llegada del amanecer, evitaba que los rayos del astro rey la tocasen.
_Era duro huir de aquella manera y en aquellas condiciones, pero tenía que sobrevivir sin importar cómo ni dónde. Edile Këvlar sabía que su única oportunidad era llegar hasta algún asentamiento humano, Siloria podría ser su primera parada. Una vez allí, intentaría trazar un plan o simplemente pensaría que hacer con su existencia.
_Le pareció oír un sonido brusco, demasiado fuerte como para ser el batir de alas de algún pájaro o una hoja cayendo en un charco. Intentaba acelerar más su paso pero las heridas causadas durante su reclusión en aquella celda de piedra entorpecían la huída. Se ajustó la capucha evitando que los rayos del sol la tocasen. Y sin darse cuenta, mientras corría, se resbaló cayendo sobre el barro.
_Permaneció unos breves instantes allí, tumbada, sintiéndose paralizada tal y como la sucedió al ver a su madre muerta sobre el suelo de aquella estancia del castillo. En aquel instante sólo pudo oír como, rodeada por un sepulcral silencio, la sangre recorría las frías piedras. Y sin saber por qué la tocó. La tocó sintiendo su frialdad, su brillante color y también su extraña textura. Era la sangre de la Reina del valle de Zul, de su madre.
Mientras aún estaba tendida sobre aquel barro también recordó el haber arrancando el vankir del cuerpo de su progenitora y haberla abrazado. Sí, la había abrazado. Nunca la había abrazado antes o al menos no recordaba haber recibido uno. Los abrazos no formaban parte del comportamiento de un vampiro. Pero en ese momento fue su única manera de despedirse. Ni siquiera la importó llenarse de sangre. Después, la oscuridad.
_La arrastraron hasta una celda sin luz, sin permitirla explicarse, con un vaso diario de sangre, de asquerosa y repugnante sangre. Desde entonces había añorado una verde manzana. Sabía que resultaba deshonroso para una princesa vampira como ella desear alimentarse de fruta pero ahora que había huido todo iba a cambiar.
_Cogió impulso y reemprendió su camino, notando ahora como el cansancio se instalaba en ella. Edile quería que todo terminase, ir lejos, vivir. Para ello debía alejarse de los dominios vampíricos. El bosque en el que se encontraba no eran sino una pequeña agrupación forestal cercana ya a Siloria.
Tras un par de horas sin descanso se permitió apoyarse en una roca para recuperar el aliento. Se dio cuenta de que el día iba a ser despejado, lo que supondría que los rayos del sol serían especialmente intensos y perjudiciales para su pálida piel. Intentó calcular cuánto la faltaba para llegar a Siloria y entonces la vio.
_No era más que una coqueta ciudad con excéntricas aunque encantadoras edificaciones. Se podía respirar la tranquilidad y jovialidad de sus habitantes a distancia. Alzándose sobre ella se dibujaba un acantilado y coronándolo, con elegancia y una pizca de magia, un gran roble.
_Disminuyó la velocidad y tras unos minutos pisó la primera calle de la cuidad. Un par de pasos después tuvo que apoyarse en la pared de una casa y cerrar los ojos. Se sentía extremadamente débil, muy cansada. Alzó la mirada y la tienda de Ardelia Hon se alzó ante ella, con un escaparate lleno de deliciosa fruta y las verdes manzanas que tanto había anhelado.
_Entró intentando mantener un paso lo más firme posible, se acercó al mostrador y justo antes de poder pedir nada, se vio impulsada por varios brazos hacia el exterior. Después, sintió golpes, arañazos e insultos. La habían descubierto, sabían que era una vampira y sin dejarla explicarse, la estaba dejando claro que en Siloria los de su clase no eran bienvenidos.
_En pocos segundos, su cuerpo se llenó de magulladuras y en su estómago se abrió una pequeña herida como resultado de un golpe o de una patada. Edile se hizo un ovillo para evitar que los golpes la hiriesen aún más. Los gritos la ensordecían, intentaba hablar, quería explicarse, que la oyesen pero apenas balbuceaba y los sonidos que salían de su boca eran leves susurros.
_Sin saber por qué, el ruido cesó. Oyó algunos insultos pero esta vez no se dirigían a ella sino a otra persona que avanzaba entre la multitud. “Bruja” la llamaban, o eso había creído oír. Su cuerpo ya no resistió más y Edile se desmayó. Después, oscuridad.